DO Arlanza, donde la cultura se hace vino

Aunque la tradición vinícola de la DO Arlanza se remonta al siglo X, no es hasta 2007 cuando se reconoce oficialmente a esta región española por la identidad propia de sus vinos.

La demarcación geográfica de la DO Arlanza recorre a caballo entre las DOs de La Rioja y Ribera del Duero, y está enclavada entre la Sierra de Covarrubias (al este) hasta los Páramos del Cerrato (al oeste). Se sitúa en el valle medio y bajo del río que bautiza su nombre y la de sus afluentes hasta su confluencia con el río Pisuerga y área sureste de Palencia, surcando terrenos de viñedos, sabinares, cereales y girasoles que suman 2.000 km² de extensión, de los cuales más de 450 hectáreas lo forman de viñedo.

La variedad de su “terroir” contrasta desde la arcilla en la parte norte y con más carbonatos en el suroeste. Al sur del río Arlanza, y cerca de su desembocadura con el río Pisuerga, se encuentran una serie de páramos y valles denominados “Páramos del Cerrato” coincidiendo con municipios como Baltanás o Palenzuela, que se caracterizan por la presencia de caliza activa.

El clima de la zona está marcado por su altitud sobre el nivel del mar, que oscila entre los 750 y 1.200 metros y por el aislamiento que ofrecen las montañas, privando a la tierra de la influencia marítima. Se puede definir como una comarca con estaciones muy rigurosas: largos inviernos, veranos relativamente suaves, escasas precipitaciones y marcada aridez estival. Esto provoca grandes contraste de temperaturas entre el día y la noche lo que beneficia a sus vides. Si bien es cierto que, debido a estos contrastes, pueden producirse heladas que perjudican la cosecha, también cabe destacar que confiere a la uva una personalidad y calidad que en los últimos años ha sido de excelente.

Las bodegas de esta Denominación de Origen se caracterizan porque son pequeñas y tradicionales –algunas subterráneas-, conviviendo con las tecnologías más avanzadas, donde se elaboran unos vinos muy singulares que todo apasionado de la enología debería conocer.

Estas elaboran vinos a partir del cultivo de diferentes variedades de uva como son la Garnacha, Mencía, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Merlot, Albillo o Viura. La variedad Tempranillo (o Tinta del País) es la que manda sobre todas las demás. Adaptada a la zona desde tiempo ancestral, confiere a los vinos de una singular personalidad propia y que todo apasionado a la enología debe conocer.

Recientemente, parte del equipo de su Consejo Regulador ha estado en Madrid desarrollando diferentes actividades promocionales y comerciales para que profesionales y expertos del mundo del vino conozcan, aprendan y descubran los grandes tesoros que se esconden en esta pequeña comarca castellano-leonesa.

Miguel Ángel Rojo, presidente desde 1992, nos explica que “es importante hacer un ejercicio de visibilidad de nuestra tierra ya que los bodegueros que están adscritos a nuestra DO lo están haciendo muy bien en los últimos años y han evolucionado de forma favorable. Somos grandes desconocidos por la mayoría del público porque convivimos en una región que limita tanto con La Rioja como con Ribera del Duero, grandes caballos de batalla de este sector.”

Elisa Fernández Barbadillo, gerente de la DO Arlanza, nos detalla por su parte que “llegar hasta hoy ha sido un camino lento y de mucho trabajo: estudiando y analizando el terreno, las variedades que cultivamos, etc… Empezamos en 1994 por conseguir que esta región fuera reconocida con identidad propia. En 1997 nos concedieron la tipología de ‘Vinos de la Tierra Ribera del Arlanza’ y no fue hasta 2004 cuando nos concedieron la etiqueta de ‘Vinos de Calidad Arlanza’. Finalmente, en abril de 2007, fue cuando nos concedieron esta distinción de ‘DO Arlanza’ que encumbra a nuestros vinos al más alto nivel.”

Bodegas Valdesneros ha sido una de las marcas comerciales participantes de esta promoción y hablamos con Rubén Montero, enólogo y propietario de la bodega, quien nos expone que “en la comarca vivimos con una climatología difícil pero adaptamos la producción de las viñas a esos contrastes (con una vendimia a mano) consiguiendo que los vinos que elaboramos obtengan más cuerpo y mejor estructura. Este año, por fortuna, va a ser una añada muy buena por cantidad y calidad de las uvas, en torno a un 30% por encima a lo que producimos en otras cosechas.”

Este año, a consecuencia de la COVID-19, los bodegueros van a tener que “hilar fino” para que la producción del presente año y los remanentes de años anteriores no se acumulen mucho y no sean un problema para ellos. “Dadas las circunstancias actuales, vamos a tener que estudiar bien el mercado porque nuestros vinos no son competitivos en precio. La mayoría somos pequeñas bodegas y las producciones también. Nuestro trabajo, en gran medida, es de supervivencia”, continúa explicando Rubén.

Miguel Ángel termina haciendo un juicio de valor. “Considero, también, que nuestro ejercicio es defender la calidad de nuestros productos porque el mercado actual es muy complejo y es difícil introducirse en él. El precio marca muchas veces las ventas pero nos tenemos que hacer fuertes por todo el trabajo que hay detrás, en su historia, en su cultura… en hacemos diferenciadores. Podemos asegurar que nuestros vinos tienen una excelente calidad y están a la altura de muchas DOs.

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